Jueves 16 de Agosto de 2018

Imprevistos y responsabilidades: las claves para la contratación de un seguro

 

 El día a día nos enseña que una de las claves para la gestión eficaz de un club, como en la de cualquier entidad, consiste en estar preparado para hacer frente a los imprevistos. La contratación de uno o varios seguros es una labor que requiere una larga reflexión para sopesar nuestras necesidades de cobertura y dar con un seguro a medida. En los últimos años, además, han cobrado protagonismo los seguros destinados a cubrir la responsabilidad civil de un directivo en su toma de decisiones, algo que a nosotros nos interesa especialmente.

 

 

 


Nuestro club marcha a las mil maravillas; todo está bajo control y nuestra labor como gerente resulta incluso reconfortante porque la entidad funciona como impulsada por un engranaje perfectamente engrasado. Hasta que un día una avioneta se precipita sobre el green del hoyo 7. Afortunadamente, no hay heridos, pero los daños ocasionados (y multiplicados por la entrada de los equipos de emergencia que se dirigen al lugar del suceso ‘campo a través’) nos obligan a cerrar el hoyo 7 durante unos días y presupuestar la reparación de los desperfectos. Puede sonar rocambolesco (aunque no es el primer caso real del que tenemos conocimiento), pero es, sin duda, un ejemplo claro de lo que entendemos por “imprevisto”, concepto que está en la base de la necesidad de contratar un seguro.

 De entrada, un club de golf debe contratar una serie de seguros de carácter obligatorio, como el seguro de accidentes para empleados, que estipula unas indemnizaciones en caso de muerte o invalidez por accidente laboral, o el seguro obligatorio de automóviles, que requiere tanto la flota de buggys como la maquinaria autopropulsada que se emplea para el mantenimiento del campo. Pero las posibilidades de “asegurarse” van mucho más allá.
Javier Doussinague, responsable de la sección de golf de Reale Seguros, explicó en el transcurso de las II Jornadas ClubManagerSpain (Girona, 5 y 6 de mayo) las ventajas de “una cobertura integral (de todos los riesgos), ya que permite una mayor comodidad en la gestión y abarata el precio”.

¿Contra qué me protejo?

A la hora de contratar uno o varios seguros para un club, debemos pensar qué aspectos son susceptibles de merecer una cobertura de este tipo. Como hemos dichos, hay ciertos tipos de seguros que son obligatorios. Y en estos casos, como señala Doussinague, “el precio o prima del seguro es el factor que más influirá a la hora de optar por un producto u otro; en estos casos las coberturas suelen ser pocas, los límites bajos y las franquicias altas”. Pero, al mismo tiempo, nuestro experto nos alerta: “No es conveniente optar por esta postura, salvo que se tenga una siniestralidad nula o casi nula, o muy poca exposición al riesgo”.

Por asegurar, se puede asegurar ‘casi todo’ y de nosotros depende valorar hasta qué punto nos resultará rentable pagar por prevenir. A grandes rasgos, las necesidades de cobertura de un club de golf se agrupan en seis bloques; los tres primeros requieren seguro obligatorio, los otros cuatro cubren toda una serie de aspectos que no dejan de ser interesantes si los analizamos desde el punto de vista de nuestra propia experiencia:
1. Flota de buggys y maquinaria (obligatorio). Tanto la flota de buggys propiedad del club como la maquinaria (tractores y demás) requiere seguro obligatorio en virtud de la ley de circulación de vehículos a motor.
2. Seguro de Accidentes para Empleados (obligatorio). En virtud el convenio sectorial de jardinería, que es al que están adscritos los campos de golf y que cubre riesgos y capitales por muerte o invalidez ocasionados por un accidente laboral.
3. Seguro de Responsabilidad civil (obligatorio). “Garantiza –en palabras de Javier Doussinague– aquellas indemnizaciones que la empresa debe afrontar como civilmente responsable de daños materiales o corporales a terceros”. Estas garantías son…
– Responsabilidad civil de explotación: Derivada de la propia actividad.
– R.C Patronal: Derivada de reclamaciones de empleados por accidentes.
– Defensa y Fianzas: los gastos judiciales y por fianzas derivados de una reclamación amparada en póliza.

Aunque los jugadores de golf federados disponen de un seguro de responsabilidad civil sólo por estar federados, tenemos que contar también con la posibilidad de que éste dé un bolazo y provoque daños en algún edificio colindante y ajeno al club y que la reclamación nos llegue a nosotros porque no se ha podido identificar en el momento del suceso al jugador.
Existen otras áreas de responsabilidad, y entre ellas resulta especialmente interesante, por la idiosincrasia de un club de golf, la Responsabilidad Medioambiental, que nos protege de posibles accidentes (vertido de los depósitos de combustibles, de productos fitosanitarios almacenados...) que dañen el medio ambiente.
4. Seguro de daños o pérdidas materiales. El objetivo es, como explica el responsable de Reale, “garantizar al máximo los daños y/o pérdidas materiales que puedan sufrir los bienes de nuestro club así como de los socios en nuestras instalaciones: casa social, restaurante, tiendas, oficinas, vestuario, almacenes, talleres, instalación eléctrica, de aguas, de calefacción”. Esta cobertura se extiende a todos los elementos que encontramos en el campo de golf: calles, bunkers, greens, árboles, lagos, satélites de riego, conducciones de riego, estaciones meteorológicas, limpiabolas...
 5. Perjuicios económicos: seguro de pérdida de beneficios. Todos sabemos que un imprevisto puede dar al traste con la marcha del negocio. Esta modalidad o cobertura garantiza, por el concepto de “Pérdida de Beneficios o Lucro Cesante”, que los resulutados económicos o la marcha de la empresa no se vean afectados por la paralización de la actividad derivada de un daño material.
6. Responsabilidad de directivos. “Desde la reforma de la Ley de Sociedades Anónimas, los administradores sociales y directivos responden de su gestión con su patrimonio personal, pudiendo llegar a ser personalmente responsables de las consecuencias económicas derivadas de cualquier acto culposo cometido en el ejercicio de sus funciones como consejero o directivo”, nos aclara Doussinague.
 Así, cualquier tercero que se sienta perjudicado financieramente por una mala gestión, administración o negligencia de los administradores y directivos, puede presentar una reclamación, y la responsabilidad del directivo en este caso es “personal e ilimitada”, es decir, puede extenderse a su cónyuge y herederos. “Las pólizas de Consejeros y Directivos y las de Responsabilidad Civil profesional protegen el patrimonio personal de los consejeros y directivos frente a posibles reclamaciones de terceros ya sean accionistas, empleados, acreedores, competidores, clientes, compradores, liquidadores, etc. que se crean perjudicados”, apunta Doussinague.

¿Seguros que lo arreglan todo, todo y todo?

 Contratar un seguro es, como sabemos, tratar de ‘asegurarnos’ frente a posibles riesgos y perjuicios, asegurarnos -valga la redundancia- frente al futuro. Y también sabemos que el concepto, en sí mismo, es una contradicción. “Una protección total y absoluta no es posible, siempre podrá existir un suceso que no se ha contemplado o que, por cualquier motivo, escapa a la cobertura”, dice Javier Doussinague.
Así que, en realidad, la contratación de ciertas pólizas debe ser vista como un complemento a nuestra gestión diaria para asegurar el correcto funcionamiento de la entidad para la que trabajamos.

En este sentido, existen pólizas que incluso nos protegen (nos aseguran una reparación económica) frente a los daños que pueda sufrir el campo, incluyendo plagas, animales y lluvia. Pero todos sabemos que, si llega el momento en que tenemos que recurrir a esta póliza, es que las cosas han ido por muy mal camino.
En definitiva, y retomando lo que decíamos al principio, la contratación de uno o varios seguros (y nos referimos a los NO obligatorios) es una acción complementaria a nuestra gestión, un complemento que vendría a ser como un ‘incluso haciendo bien mi trabajo, quiero estar además preparado para las eventualidades, para aquellas cosas que escapan al desempeño de mis funciones’.


A la hora de recurrir al seguro...


En su conferencia en Girona, Javier Doussinague insistió mucho en la propia pericia del gerente a la hora de contratar el seguro. Es éste el que –para evitar equívocos o situaciones de ‘desamparo’ por parte de su propia aseguradora– debe cercirorarse de varios aspectos:

1. Que la declaración de los capitales asegurados sea correcta y esté actualidaza; de lo contrario, dará lugar, a la hora de liquidar un siniestro, “a la temida aplicación de la regla proporcional”, explica Doussinague. Por eso se aconseja la actualización periódica de los capitales y riesgos asegurados, la comunicación de las obras de mejora, de posibles situaciones de agravamiento del riesgo, etc.

2. Son frecuentes los siniestros de responsabilidad civil de poca entidad: bolazos a personas, casas y coches. “En estos casos - precisa Doussinague– es importante comunicarlo inmediatamente al club y asegurarse de que éste lo comunica a la Federación o a su compañía aseguradora, e identificar a la persona que causó el daño para comprobar que está en posesión de licencia federativa (anual o temporal), ya que, si es así, el daño lo cubrirán las pólizas federativa o de licencias temporales; pero caso contrario la responsabilidad será del club”. También son frecuentes los casos de bolazos a propiedades colindantes y esto deriva en responsabilidad civil, incluso aunque el campo de golf estuviera construido antes que las casas vecinas.

 3. Hay casos de siniestros provocados por lluvias torrenciales que suelen ser muy localizadas. Es conveniente que el campo cuente con una estación meteorológica homologada si los observatorios meteorológicos oficiales mas próximos quedan demasiado distantes.


4. Hay elementos peligrosos que no suelen estar catalogados como tales y son causa de siniestros: maquinaria y vehículos automotrices, herramientas de corte, instalaciones de recarga de baterías de buggys, depósitos de productos fitosanitarios (fertilizantes, abonos, insecticidas, pesticidas), depósitos de combustible.


En el momento de producirse un ‘siniestro’

Si estamos cubiertos por una póliza, la forma de actuar ante un imprevisto ha de ser metódica, e incluso en la forma en que nos dirigimos a la aseguradora debemos extremar la cautela. Doussinague expone los nueve pasos a seguir en esta tesitura:

1. Comunicar el incidente o siniestro de inmediato a la compañía o al broker, tan pronto como sea posible. Es posible que se necesite una peritación inmediata y cualquier retraso puede encarecer o complicar la resolución del siniestro, especialmente si hay cosas o situaciones que se modifican o desaparecen.
2. Es conveniente que la comunicación sea por escrito y que se incluya un relato lo mas completo posible del suceso. Asegúrese de la recepción de la comunicación.
3. No admitir la culpabilidad.
4. Cooperar con la aseguradora y con sus peritos para la evaluación de los daños.
5. Conservar las facturas de los bienes que resultaron dañados y facilitarlas al perito.
6. Leer la poliza con atención o pedir a su broker que se la explique. Conozca desde el primer momento las coberturas que ha contratado.
7. Si se rehusa total o parcialmente el siniestro, pida una explicación por escrito. En caso de duda consulte a su broker
8. Ser cuidadosos para no destruir evidencias del origen o causa del siniestro.
9. Tratar de resolver el siniestro amistosamente, evitando el acudir a la vía legal.

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Javier Doussinague es responsable de la sección de golf de Reale Seguros, empresa  aseguradora, entre otras entidades, de la RFEG  y  las federaciones territoriales de Cataluña, Andalucía, Aragón, Madrid, Navarra, País Vasco, Galicia y Castilla La Mancha.
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