Sábado 20 de Enero de 2018
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Por qué disponer de un clubmaker

*Por David Muñoz Ocejo

 Hoy en día no es difícil asumir que la mayoría de los directores y gerentes de clubes de golf se han formado específicamente para su puesto, o han estado tan unidos siempre al golf que no les resultará desconocido el término inglés “clubmaker” (fabricante de palos). Sin embargo estoy seguro de que no son conscientes del total de las labores que un clubmaker puede llegar a realizar y del impacto que puede tener en la vida y la economía de un club.

La labor principal del clubmaker consiste en reparar y montar palos de golf. No obstante un clubmaker con suficiente experiencia, y con independencia de que juegue al golf, puede asesorar a los jugadores sobre qué hierros o maderas deben escoger en función de sus características corporales y su swing. Esto último parece obvio cuando se percibe la importancia que tiene para el jugador el disponer de unos palos a medida, en función de su envergadura, su altura y la velocidad de swing… y sin embargo la gran mayoría de los golfistas se compran los palos sin tener estos factores en cuenta, y terminan adaptando su forma de jugar a unos palos que no hace más que seguir el estándar o patrón de la marca. Estos, a la larga, repercutirá en malas posturas, en malos gestos durante el swing, o en “vicios” a la hora de pegar la bola que después costará mucho trabajo subsanar.

Sorprende, por tanto, que si NINGÚN jugador profesional juega con unos palos que no le han hecho a medida o, al menos ha probado con las especificaciones que él sabe que se adaptan mejor a sus características físicas y de juego, los amateurs no sean aleccionados durante el proceso de aprendizaje en las ventajas que tendrá para ellos una adaptación correcta de los palos.

Sin entrar en las variables que participan en el proceso de adaptación (que dejaríamos para otro artículo) sí vamos a incidir en las ventajas de tener a mano los servicios de un clubmaker.

 

 

¿Por qué un clubmaker?

  • Porque en tiempos de crisis muchos socios pueden encontrar sentido a reparar y adaptar sus palos en lugar de comprar otros nuevos (sin adaptar).
  • Porque en todos los clubes suele haber alguien haciendo ese trabajo sin (por desgracia) los conocimientos o los medios adecuados.
  • Porque el servicio de un clubmakaer en un club no requiere ampliar la plantilla de personal ni las instalaciones de la casa club,
  • Porque en un escenario en el que no predomina este servicio, ofrecerlo puede ser una manera de atraer jugadores y clientes a la instalación.
  • Y porque el trabajo del clubmaker puede tener una repercusión positiva en la cuenta de explotación de la tienda del club.

En el peor de los casos, y si el gerente da los pasos adecuados y negocia con sensatez, puede ser una manera de ampliar los servicios a los socios sin que le cueste nada al club.

 

Requisítos mínimos… pero importantes

 La puesta en marcha de un servicio de reparación y adaptación de palos requiere para el interesado disponer de los conocimientos adecuados, de un espacio donde trabajar y de los materiales (varillas, empuñaduras, maquinaria…) con los que llevar a cabo las modificaciones. Como en todos los entornos profesionales los acuerdos entre el clubmaker y los fabricantes de esos materiales en base a la adquisición de ciertas cantidades permiten que los precios sean más asequibles que cuando se adquieren pocas unidades por parte de un taller con pocos clientes o por un particular. El coste del servicio, que no es otra cosa que la suma del valor del trabajo del clubmaker y del coste de los materiales, se puede reducir por tanto cuanto mejor sea el servicio en el club.

La experiencia del clubmaker a la hora de asesorar al jugador sobre su juego de palos, puede dar más dinamismo y ventas a la tienda del club. Sobre todo en material duro (hierros o maderas) que, con la llegada de Internet y los grandes supermercados de golf, se vende cada vez menos en la tienda del club. El clubmaker puede ofrecer desde la tienda una serie de alternativas para escoger, además de información técnica sobre cada palo y cada parte de él que ayuden al jugador a entender las ventajas de cada opción, e incluso ocuparse de encargar directamente los palos escogidos al proveedor. Un servicio así se transmitiría fácilmente entre los socios y, con un poco de publicidad, podría ayudar a solucionar el problema de las ventas en material de las tiendas de los clubes.

Desde mi experiencia en el Campo de Golf Ramón Sota (Cantabria), he comprobado la fidelidad que despierta en la gente un trato así. Hay familias enteras que se han dejado aconsejar por Gabri, y todos tienen sus palos a medida, y para un club pequeño como éste es algo muy importante. Más aún, podemos asegurar que el boca a boca ha funcionado muy bien y que se ha dado mucha credibilidad al trabajo que hacen, porque gente de otros clubes cercanos vienen para que le reparen sus palos o les hagan fittings (pruebas previas a comprarse palos nuevos).

 

Cuidado con el “intrusismo” bienintencionado

 Como todos sabemos, en muchas clubes estas tareas las suelen realizar los profesores, los empleados del cuarto de palos o los caddie-masters, por desgracia sin tener la preparación adecuada. Es una costumbre nacida en que, como no suele ser un trabajo a tiempo completo, permite rellenar tiempos muertos de estos trabajadores del club e ingresar algo de dinero extra. (Nota de ClubManagerSpain: el gerente debería tener mucho cuidado con ésta y otras prácticas que se realizan fuera del control del club, porque si surgen problemas mal resueltos siempre van a salpicar la profesionalidad y la credibilidad en la gestión del club.)

Puede ser una actividad legítima para aprovechar los  momentos entre semana en los que el campo no está a pleno rendimiento, y sin necesidad de contratar a un empleado nuevo, pero es conveniente (más aún, imprescindible) que quien hace ese trabajo adquiera la formación adecuada a través de alguno de los cursos que se dan. Hay que reconocer que aunque muchos de los empleados que desarrollan estos trabajos practican el golf (como es el caso de los profesores) también hay otros que nunca han jugado un golpe ni saben cómo se coge un palo. En estos casos el club correría el peligro de tener problemas o quejas de sus socios, no sólo por las dudas inherentes a la cualificación de quien ha realizado el servicio, sino porque lo más probable es que la calidad de los materiales deje mucho que desear.

Otro caso distinto puede ser el de los jugadores profesionales y/o profesores. En mi opinión, más que reparar palos sí deberían saber hacer fittings. Es natural que los jugadores amateurs o que empiezan a dar clases acudan a los profesionales en busca de consejo sobre qué palos deben comprarse, creyendo que esos palos les van a hacer tan buenos jugadores como ellos. Pero si el profesor no tiene nociones sobre cómo hacer un fitting, o sobre los elementos a considerar cuando se quieren hacer unos palos a medida, este consejo no sirve de nada. Probablemente sólo les dirían que compren una varilla de acero si ven que es un chico joven, o de grafito si es una persona algo más mayor.

Hoy en día es difícil encontrar a una persona que esté bien preparada en todos los ámbitos que se requiere de un buen clubmaker (reparación, fitting, venta en tienda…). Por desgracia los pocos cursos de clubmaker que se ofrecen se dan en el extranjero (E.E.U.U. y Gran Bretaña principalmente), con lo que entre el viaje, la estancia y el curso supone una inversión bastante fuerte para quien se plantea trabajar como clubmaker.

En 2009 gracias a la colaboración de Golfsmith, que se dedica mundialmente a ello, van a comenzar a darse cursos de clubmaker en el Taller de golf Gabriel Sota a nivel nacional.

 

La oportunidad de aprender

En 2009, y con la colaboración de la empresa norteamericana especializada Golfsmith, el taller de golf Gabriel Sota quiere comenzar a dar cursos de 3 días en Agüero (Cantabria). Será el propio Gabriel, PCS y CGA Clase A Clubmaker, nombrado “Clubmaker del año” en Europa en 2005 y de España en 2008, quien lo imparta, con la ventaja que supone eliminar el problema del idioma y los tecnicismos, y de abaratar el coste para los interesados. Además del curso, habrá un posterior seguimiento en cuanto a solución de problemas, y el Taller de Golf Gabriel Sota les podrá proporcionar el material necesario ya que será un punto de distribución oficial de Golfsmith. 

Una vez que se ha formado a un empleado o se ha contratado a alguien que se dedique a esta tarea (tendría que ser, para ello, un club con un volumen de juego bastante grande) hay que definir el lugar donde se desarrolle el trabajo y almacenar el material. Hablamos de un espacio unos 20 m2  donde el clubmaker pueda estar cómodo y trabajar sin ningún tipo de riesgo.

Luego hay que valorar la inversión en maquinaria y repuestos. Un kit básico incluiría una máquina de cambio de puños, otra de extracción de varillas con su sierra de corte, y una máquina que adapte el loft (ángulo) y el lie (inclinación) de la cabeza del palo. A esto hay que añadir los materiales y herramientas necesarias. Cuanto más intensos y profesionales sean los trabajos de los que se encargue el clubmaker, más relevante será adquirir nueva maquinaria, como puede ser un analizador de M.O.I. (iniciales en inglés del Momento de Inercia), un analizador de swingweight (peso del swing) o un equipo para analizar el swing del jugador y así poder hacer fittings. Podemos estar hablando de una cifra en torno a 12.000€.

A esta cifra habría que sumar el sueldo del trabajador, y si el club optara por contratar los servicios de alguien ya formado podría empezar a ahorrar dinero en ese mismo momento porque ese clubmaker podría aportar todo, o parte, de su material de trabajo.

Es difícil que un club apueste por crear y ofrecer en exclusiva este tipo de servicio porque tienen que darse unas condiciones determinadas: ser un club grande o con muchos socios, disponer de una escuela potente que acuda al clubmaker cada vez que algún alumno quiera unos palos, y tener una tienda que funcione bien. Pero si no se dan estas condiciones es mejor tener en cuenta que hay empresas que se dedican a la tarea de clubmaker y que pueden ofrecer sus servicios a varios clubes de la misma región. Es mejor que el club no se empecine en luchar contra ellas, sino en aprovecharse del servicio eficaz y rápido que les pueden proporcionar.

El taller de golf Gabriel Sota, por ejemplo, aspira a dar este servicio a todos los clubes de Cantabria, recogiendo en cada club los palos que los socios dejen para reparar y, una semana después, devolverlos en perfectas condiciones para seguir utilizándolos. Pero en este caso tienen la suerte de que Cantabria es una comunidad pequeña, y que en un día una sola persona puede visitar todos sus clubes de golf.


*David Muñoz Ocejo

Licenciado en Económicas por la Universidad de Cantabria, y licenciado en Master en Dirección y Gestión de Negocios de Golf por la Centro Universitario CESINE. Colaborador del Taller de Golf Gabriel Sota y del Campo de Golf Ramón Sota.

Para aclarar cualquier detalle contactar con David en la dirección de correo electrónico:

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