Domingo 20 de Mayo de 2018
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Entrevista con Carlos Fernández Grande, Gerente del Año 2011

“Supone una gran satisfacción después de tantos años trabajando en el sector, y especialmente porque representa el reconocimiento de mis compañeros. Es un honor recibir este premio sabiendo, además, quiénes me han precedido en él” - Carlos Fernández Grande, director general del Complejo Deportivo del RACE (Madrid), recientemente elegido Gerente del Año 2011.

Es una gran persona, es un fantástico amigo, un buen comunicador,divertido, hablador, muy querido en el mundo del golf, estupendo jugador... Y es, también, un gran profesional que ha trabajado mucho y bien en los clubes en los que ha desarrollado su labor y en los que ha ayudado e impulsado a sus empleados y a sus colegas. Por eso sus compañeros de profesión le han distinguido con el Premio ClubManagerSpain al Gerente del Año 2011.

Son casi 19 años los que este madrileño, nacido en 1960 y licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales, ha dedicado a esta profesión desde que fue elegido para poner en marcha el Club de Golf Altorreal, en Murcia. Ha pasado después por Playa Serena (Almeria) y Pedreña (Cantabria), antes de llegar a su actual destino en uno de los más importantes clubes deportivos de España. “Cada club es diferente y cada trabajo ha tenido sus peculiaridades. Pero todos tienen un trasfondo común: en cualquier club trabajas para que otras personas disfruten. Se trata, ante todo, de una prestación de servicios”.

Y al director del RACE le encanta su trabajo: “Me siento cómodo, me gusta y creo que es un trabajo que te ofrece una posibilidad magnífica de relacionarte. Eso me encanta: me gusta hablar, escuchar, atender a la gente … Además, esas mismas relaciones son las que pueden ayudarte a potenciar tu carrera. Los estudios constituyen el 30 por ciento del desarrollo profesional de una persona. El resto, es cuestión, casi siempre, de relaciones”.


Cuéntenos cómo y por qué, un joven economista de Madrid termina poniendo en marcha un campo de golf en Murcia…

Después de terminar la carrera empecé a trabajar como analista financiero en la empresa INFINORSA. En 1993, Urbis iba a construir, en el marco de un desarrollo inmobiliario en Murcia, un nuevo campo de golf. Su consejero delegado, Ricardo Goytre, era y sigue siendo un buen amigo, de hecho, era el padre de uno de mis mejores amigos en el club de golf Las Matas. Pensó que, por mi formación en Economía y Empresa, y por mi profundo conocimiento del golf y de la competición deportiva podría ser un buen candidato para aquel puesto.


Y así fue. Para Fernández Grande suponía adentrarse en un nuevo entorno laboral, mucho más agradable que el de la oficina y el ordenador, y encontrarse con un reto ilusionante: poner en marcha un nuevo proyecto pero también crear afición por el golf en una zona en la que, hasta ese momento, este deporte era prácticamente inexistente: “Se trataba, no sólo de construir el campo y la casa club…, sino también de vender acciones, lo que suponía, en aquel momento, crear afición al golf, conseguir que la vida social murciana, que se desarrollaba en torno al Casino y al club de Tenis, encontrara también su sitio en torno al golf”.


¿Y cómo se consigue eso?

Teníamos que abrir un mercado que no existía. Por eso durante esos primeros años hicimos de todo: programas de radio en directo, reuniones y acciones con empresas y demás colectivos, con la Universidad, competiciones para niños… Y  jugar mucho con la gente: para crear un aficionado lo primero que tienes que hacer es ponerle un palo en la mano. Así que, durante ese tiempo jugué mucho al golf, algo que no he hecho después en los otros clubes que he dirigido; pero allí era necesario. Esos inicios crean unos vínculos especiales, porque conoces a los socios desde el primer día, uno a uno, has hablado con ellos explicándoles en qué consiste el golf, el club… Supone un gran esfuerzo y mucha dedicación, pero en los primeros cinco años conseguimos los 1.000 socios que deben constituir la base de un club social.


Decía antes que cada experiencia profesional es diferente…

Sí. Playa Serena fue una experiencia muy distinta. El club tenía unos 400 socios que cubrían el 30 por ciento del presupuesto y el otro 70 por ciento procedía del turismo. Así que había que hacer mucha labor social sobre todo los fines de semana, cuando los socios tenían sus campeonatos y sus eventos…, el resto del tiempo había que tratar con turoperadores, hoteles… para cubrir ese otro 70 por ciento con greenfees, siendo un tipo de trabajo más comercial. Estuve poco tiempo, fue una experiencia muy interesante y diferente a la vivida en Murcia, en la que además llevamos a cabo una modernización importante de las instalaciones.


¿Por qué tan poco tiempo?

Porque surgió la posibilidad de Pedreña y… ¿a quién no le gustaría trabajar en Pedreña? Uno de los campos con más tradición, inaugurado en 1928, con la presencia de la familia Ballesteros… Una oportunidad así no se puede dejar pasar.  Pedreña es un club completamente distinto, un club privado, muy cerrado, exclusivamente social, donde no habia que hacer una labor comercial. Allí lo fundamental es volcarse en el socio y en el mantenimiento de unas instalaciones con muchos años. Pero, además del desarrollo profesional, en Santander tuve la enorme satisfacción personal de convivir con toda la tradición del golf español, con Ramón Sota y, muy especialmente con Seve Ballesteros. Seve era para mí desde niño un ídolo. Había ido a verle jugar siempre que venía a Madrid…  Poder compartir cafés y charlas con él fue maravilloso.


Antes de llegar de vuelta a Madrid, cuéntame cómo se compagina ese periplo por España y esa intensidad de trabajo con la vida familiar…

No es fácil. Depende de las circunstancias particulares de cada uno. Yo siempre he dicho que sigo en esto por tres razones fundamentales: porque me gusta mucho, porque mi mujer me ha acompañado siempre y porque no tenemos hijos. Ella, economista como yo, ha venido conmigo y ha trabajado allí donde yo estaba. Si no, hubiera sido muy difícil: los cambios de ciudad, el hecho de trabajar justo cuando la gente tiene tiempo libre, horarios muy extensos…


Y así llegó hasta el RACE

Estando en Pedreña surgió la oportunidad de venir a este club y, nuevamente, tras un proceso de selección, consigo este puesto que nos permite estar de nuevo en Madrid, junto a nuestra familia y que, profesionalmente, supone un salto porque es uno de los clubes más completos y de más relevancia de España por sus instalaciones, por el número de socios, por su historia… Además, yo había jugado aquí de pequeño. De hecho, mi primera copa de golf la gané en este club en 1971.


Para quien no lo conozca, podemos contar que el Complejo Deportivo del RACE incluye instalaciones hípicas, 27 hoyos de golf, 25 pistas de tenis, 18 pistas de pádel, 2 campos de fútbol, pistas polideportivas de baloncesto, balonmano, hockey, piscinas, club infantil… Un club con más de 100 empleados, casi 17.000 socios y un presupuesto anual que oscila entre los ocho y los nueve millones de euros.


“Cuando me enseñaron el club por primera vez me quedé totalmente sorprendido. Esto, era como una pequeña ciudad con cuatro distintos centros deportivos: hípica, golf, tenis/padel y chalet infantil, con médico y enfermera, electricistas, carpintero, pintor, albañiles, lavandería y hasta con un sacerdote que venía –y sigue viniendo– a decir Misa… Algunos de los puestos de trabajo se han ido amortizando y se han ido contratando servicios externos; pero esto sigue siendo como un pequeño mundo”.

“El RACE es un club centenario, creado en 1903, que construye sus instalaciones deportivas en los años sesenta (se inauguró en 1967) en una finca fantástica, con un campo de golf de Javier Arana... En definitiva, no dirijo un club de golf, sino un gran complejo que tiene, entre sus instalaciones, un gran campo de golf.


Para dirigir algo de estas dimensiones se necesita un equipo de personas muy bien preparado, ¿no?

Tenemos un responsable de cada área. Creo que lo primero, lo fundamental, es contar con un gran equipo. Una de las cosas que procuro siempre es ganarme a los empleados, compartir con ellos el día a día de su trabajo, hablar con cada uno... Porque lo más importante para que algo funcione es que la gente que tienes trabajando en ello, funcione. Por eso es tan importante hacer equipo. Y creo que la autoridad no es dar un golpe sobre la mesa, sino hablar con la gente, decirles lo que esperas de ellos, ayudarles en lo que necesiten para conseguirlo y luego, si funcionan, estupendo, y si no, pues tendrá que venir otro. Yo hablo con todos y, en más de una ocasión, he salido fuera del club a tomar un cafe con alguno para poder charlar con tranquilidad. Creo que por eso conservo amigos de todos los clubes en los que he trabajado: tanto entre los socios como entre los empleados. Quiero añadir, también, que es un orgullo que dos de las personas que han trabajado conmigo son ahora directores de otros clubes.


¿Y con los socios, cómo debe ser esa relación?

Con los socios creo que hay que mantener siempre una distancia, aunque al mismo tiempo seas amigo. Los socios son todos iguales, nadie es más o menos importante. Y a veces la relación no es fácil, ya que no se puede contentar a todo el mundo, porque cada uno querría un club diferente. Pero hay que intentar atender a todos y solucionar los problemas que puedan surgir.


En los diez años que lleva en el RACE ha tenido cinco juntas directivas diferentes, ¿es difícil para un director asumir esos cambios?

A mí, en principio, no me deben influir. De hecho, sigo manteniendo una buena relación con todos los presidentes y consejeros que he tenido. Yo soy un profesional que tiene que tratar de que las cosas vayan bien en el club: la junta, o el Consejo Directivo, como se llama aquí, debe determinar qué tipo de club quiere, marcar la política general y yo debo trabajar para cumplir esos objetivos. Por otro lado, el hecho de cambiar la directiva puede ser positivo porque te hace replantearte tu gestión y mantener una cierta tensión: no llegas a relajarte y eso tiene también su parte buena.


¿Qué debe pedir el director a su junta o a su Consejo?

Que sea directiva, no ejecutiva. Que no entre en el día a día del trabajo del club. Como he dicho, son ellos los que marcan las directrices, pero el que las ejecuta es el director. El consejero es un usuario más del club, no trabaja en él.

La Junta debe pedir al director que cumpla sus objetivos y se ajuste a los presupuestos.

El nuestro es, en definitiva, un cargo de confianza. Dando por hecho la capacidad para acometer el trabajo, es fundamental que la Junta tenga confianza en su director, en su trabajo, responsabilidad, en sus cualidades. Lo demás es fácil: conocer el medio, atender a los usuarios y estar dispuesto a trabajar muchas horas y fines de semana, como hacemos todos...


¿El director es también el encargado de poner a las nuevas juntas en situación sobre el funcionamiento del club?

Claro. Es importantísimo sentarte con los nuevos consejeros y explicar cómo funciona, ofreciéndoles una visión general de todas las áreas del mismo. La función del director es transmitir el trabajo realizado hasta la fecha y los proyectos de futuro.


En un club con diferentes actividades deportivas, como éste, entendemos que habrá alguna que genere más complicaciones que otras.

La hípica claramente, es la parte más complicada. Por dos razones fundamentales. Por un lado, porque hay animales, con todo lo que eso conlleva: alimentación, posibles lesiones o enfermedades, personal atendiendo todo el día... Y por otro, porque la relación de los dueños con su caballo es muy especial: es un ser vivo al que quieren y que quieren tener bien atendido... De forma que, aunque el número de usuarios de la hípica es menor que el de otras instalaciones, las complicaciones siempre son mayores. La mayoría de los emails que recibo de socios con peticiones o comentarios provienen de los usuarios de la hípica.


¿El RACE gestiona directamente todas las instalaciones?

Sí. Hasta el momento, la política del club es que el socio siga vinculado directamente al RACE como institución. Las escuelas, la hípica, la restauración... todo lo gestionamos directamente nosotros.


¿Qué importancia se otorga a las escuelas en el club?

Mucha. Éste es un club deportivo familiar donde es importante que los niños puedan practicar los diferentes deportes: el objetivo es la formación de los niños como personas y, concretamente, en la faceta deportiva. Por eso se da mucha importancia a las escuelas. Tenemos casi 2.000 niños en ellas. La de tenis es la más potente, con más de 900 alumnos, unos 300 en pádel, más de 120 en golf, luego están las de hípica, fútbol, natación... Tenemos también profesionales al frente de cada una de estas escuelas.


¿Qué aspecto de su trabajo diría que le devuelve mayores satisfacciones

Precisamente éste, el de las escuelas deportivas, saber que los niños pueden aprender, convivir y practicar deporte en el club. Yo me crié en un club y agradezco mucho a mis padres la oportunidad que me dieron. Sé lo importante que es para la gente joven convivir con otros jóvenes en un ambiente deportivo. Me gusta mucho también tener la oportunidad de organizar eventos deportivos de alto nivel. Aquí hemos tenido campeonatos nacionales e internacionales de saltos, se ha jugado el Open de España... Me gustaría, por ejemplo, poder tener el Madrid Masters en el club. Creo que es muy interesante traer a tu club deportistas del más alto nivel y creo que este tipo de eventos hacen que se mejoren mucho las instalaciones. Aunque no siempre es fácil compatibilizarlo con el uso que el socio legítimamente quiere hacer de ellas.


Carlos Fernández Grande siente cumplidas sus aspiraciones profesionales: “Entre los clubes deportivos, el RACE está en la primera línea” y, desde luego, seguirá trabajando en este sector. Lo tiene claro: “Me gusta mucho lo que hago, me siento cómodo, sé dónde estoy ..., quizá porque he vivido desde pequeño la vida de club”.


Enhorabuena por este reconocimiento.

 

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