Sábado 24 de Febrero de 2018
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Objetivo: mejorar el ritmo de juego

 La popularización del golf ha traído consigo varias consecuencias negativas para aquellos que estaban acostumbrados a disfrutar del campo para unos cuantos en cada club. La necesidad de reservar hora, la incomodidad de quienes salen a jugar sin conocer bien las normas ni las reglas, y peor que todo ello, las más de cinco horas que, de promedio, empiezan a ser necesarias en muchos clubes para completar un recorrido de 18 hoyos.

Ronnie Malcom, de la empresa RRM UK, analizó este problema durante su conferencia en las Jornadas par Gerentes de Madrid Golf 2007. Su empresa de consultoría para clubes en Gran Bretaña y en los países escandinavos ha implantado soluciones en lugares tan emblemáticos como los campos de la ciudad de St. Andrews, o Woodhall Spa, uno de los mejores clubes en el corazón de Inglaterra.

 

Tipos de jugadores y ritmo de juego

“El punto de partida por parte de la dirección del club –explicaba Malcom- debe ser entender las necesidades de los usuarios del campo de golf: serán jugadores con intereses muy distintos y todos exigirán su derecho a disfrutar de la instalación a su manera.  Habrá jugadores que tengan todo el día libre y no tengan prisa, mientras otros querrán terminar temprano para pasar el resto del sábado con su familia; jugadores que disfruten de la conversación y de la vida social que les ofrece el golf junto a otros que busquen hacer ejercicio caminando rápido; principiantes que hacen avanzar poco la bola y la pierden con frecuencia frente a expertos que hacen pocos golpes y buscan mejorar sus récords; algunos hacen negocios en el campo mientras otros necesitan terminar a tiempo para ir a trabajar...;  podríamos seguir analizando a nuestros socios y clientes y encontraríamos muchas más dicotomías entre ellos que justificarían el problema”.

 Esta situación, según el ponente, condiciona la filosofía con la que el gerente y el Comité del club debe enfocar el problema y encontrarle una solución. Lo habitual y lo tradicional en la mayoría de los clubes ha sido centrarse en las actitudes de los jugadores para intentar corregirlas a golpe de carteles y mensajes nada subliminales, por desgracia con pocos resultados positivos.

Pero hay otros factores que afectan al ritmo de juego y de los que no son responsables los jugadores.

 

Otros factores que condicionan el ritmo de juego

“El más obvio es la climatología, en la medida en que impide una buena visibilidad del campo y del vuelo de la bola, o en que obliga al jugador a cargar con un paraguas y a ponerse y quitarse el traje de agua. Más sutil es la manera en que el diseño y el mantenimiento dificultan el recorrido. Algunos campos tienen pendientes que agotan al jugador, mientras otros tienen muy poca anchura en las calles y demasiada densidad en los bosques y en el raf. El desconocimiento del campo por parte del jugador suele ser una razón importante por la que ralentiza su recorrido, al igual que lo que llamamos el “síndrome del visitante”, y que se traduce en su interés por jugar todos los golpes y en cualquier circunstancia cuando juega en un campo que no visita con frecuencia. Finalmente está nuestro interés por satisfacer la gran demanda de juego que puede tener nuestro club, a veces aprovechándola para establecer salidas cada 7 minutos; o la idea de que ofrecemos un mejor servicio a nuestros clientes si no les importunamos durante el juego”.

 

Analizar antes de actuar

Esta combinación de factores, unos atribuibles a los jugadores y otros susceptibles de ser modificados y controlados por el propio club, deben, según Malcom, despertar en los gerentes y en los comités la necesidad de realizar un análisis adecuado y contestar a las siguientes preguntas antes de poner en marcha medidas que podrían ser negativas en algún aspecto relevante para el club:

  • ¿Por qué es importante el ritmo de juego para nuestro club?
  • ¿Qué tipo de impacto tiene el juego lento en nuestra instalación y entre los jugadores?
  • ¿Cuáles son las ventajas que esperamos obtener si conseguimos controlar el ritmo de juego?

Este análisis es esencial para justificar a largo plazo las medidas a adoptar y para establecer objetivos mesurables que permitan contrastar su eficacia. La estrategia para llegar a gestionar con eficacia el ritmo de juego, explicaba Malcom, deben centrarse en tres grandes áreas:

  • El diseño y mantenimiento del campo
  • La actitud y la habilidad del jugador
  • Las políticas de gestión del campo y del club.

 “El club que llegue a la conclusión de que para ellos es importante controlar el ritmo de juego en el campo se debe hacer  responsable de la implantación de soluciones en las tres áreas –afirmaba Malcom-. Seguramente va a ser necesario en todos los clubes revisar la altura del raf y la limpieza de las zonas de árboles para reducir el tiempo que  pierde el jugador buscando bolas. Sin embargo conviene subir el raf en zonas donde la bola puede rodar fuera de límites o hacia un obstáculo de agua, para evitar perder tiempo repitiendo golpes o definiendo zonas de dropaje. En cuanto a la actitud del jugador no hay  nada como ayudarles a entender las normas del juego y la forma de asumirlas”.

En este punto Malcom proyectó un vídeo de diez minutos de duración que utiliza uno de los clubes suecos con los que ha trabajado en el control del ritmo de juego. Las imágenes muestran a dos jugadores desde el momento en que llegan a las inmediaciones de un green hasta que completan el hoyo y se marchan a jugar el siguiente. “Es una película que se muestra a todos los jugadores que se van a sacar el hándicap en este club o que se acaban de hacer socios. Se les pide que identifiquen cuántas incorrecciones comenten estos dos jugadores, y cuando terminan viendo las quince y entienden que ellos mismos habrían sido culpables de cometer muchas de ellas, entienden mucho mejor la importancia de conocer bien las normas”.

 

¿Quién gestiona el ritmo de juego?

Respecto a las políticas de gestión del ritmo de juego Malcom destacó cómo la mayoría de los clubes descargan su posible eficacia en los marshals y en la amenaza de posibles sanciones que pueda imponer el comité. “Pero esta fórmula, como podemos comprobar todos los días, no funciona. En realidad son tres los puestos clave que pueden ayudarnos a controlar el ritmo de juego: los marshals, sí, el starter en el tee del hoyo 1, y los caddies. Pero por desgracia éstos últimos han desaparecido en casi todos los clubes, lo cual deja al gerente con la necesidad de crear un ambiente en el que el jugador entienda y asuma la importancia de mantener el ritmo de juego adecuado. Sin ese ambiente, además, el marshal y el starter no se verán respaldados en la incómoda tarea de llamar la atención y regañar a los jugadores en el campo de golf”.

Esto nos dejaría con sólo dos personas cada día en las instalaciones para advertir y recordar a los jugadores la importancia que damos al ritmo de juego en el campo y eso, según Malcom, no es suficiente.

 “Si nuestro análisis sobre el ritmo de juego nos ha llevado a la conclusión de que su control es una prioridad para nosotros, entonces debemos hacer el mejor esfuerzo posible desde mucho antes de que el jugador llegue a nuestras instalaciones. Nuestras recomendaciones y nuestros mensajes sobre la importancia que damos al ritmo de juego deben estar reflejadas en la página web en la que el potencial cliente, o nuestro socio habitual, va a encontrar información sobre nuestro club o va a realizar su pre-reserva de juego. Esos mismos mensajes le deben ser recordados cuando formalice la reserva, cuando le atienda el caddie-master, cuando el camarero le sirva la comida antes de jugar, mientras calienta en el campo de prácticas, en el momento en que compra una caja de bolas y cuando llega al tee del hoyo 1. Aunque suene exagerado, el jugador sólo mostrará auténtico interés por su ritmo de juego si ha respirado en toda nuestra instalación y a través de los mensajes de nuestros empleados el interés que nosotros le damos”.

Este ambiente proactivo para educar al jugador hace más fácil, pero no elimina, el trabajo de los marshals en el campo. Sobre ellos seguirá recayendo la responsabilidad final de que el ritmo general del juego contribuya a hacer más agradable la experiencia de todos los que comparten el campo cada día. Y para eso deben estar bien entrenados y formados. Por desgracia es frecuente contratar a los marshal y “soltarles” en el campo con unas indicaciones mínimas sobre cuál es su cometido y sobre la forma de tratar y de dirigirse a los jugadores.

“Con respecto al ritmo de juego, y aunque es aplicable a cualquier otra función que se les pueda encargar –decía Malcom–, hay hasta siete tareas que los marshal deben desarrollar en el campo cuando regulan el juego:

 

  1. Comprobar los tiempos de paso
  2. Observar la actitud de los jugadores
  3. Revisar si cumplen con las indicaciones que se les da
  4. Reaccionar ante los casos que pueden suponer un problema al final del día
  5. Animar a los jugadores a mantener una actitud positiva respecto al ritmo de juego
  6. “Perseguirles”, si fuera necesario y
  7. Agradecerles su colaboración”.


Gracias a este tipo de política los campos de St. Andrews, que sin duda se encuentran entre los más visitados del mundo, han conseguido un promedio de duración de sus recorridos que oscilan entra 3 horas y 53 minutos para el denominado Eden Course, y 4 horas y 8 minutos para el Jubilee Course, pasando por las 3 horas y 57 minutos del famoso y célebre Old Course. Para lograrlo fue preciso que la Dirección del club analizara las causas que provocaban retrasos en el tiempo que se tarda en completar el recorrido y adoptara las políticas adecuadas de cara a formar a los empleados y educar al jugador.

 “A los jugadores hay que recordarles que deben mantener su posición en el campo –terminaba Malcom-; que si tienen un pat corto para terminar el hoyo lo jueguen aunque no sea su turno; que dejen los palos en al lado del green por el que van a salir hacia el siguiente tee; que si no están seguros de dónde ha ido a parar su bola jueguen una provisional; que no anoten el resultado en su tarjeta en el green que acaban de jugar, sino en el tee del hoyo siguiente mientras juegan sus compañeros de partido, y animarles a que jueguen sus partidos con los amigos en la modalidad match-play en la que, aunque no se terminen todos los hoyos, el partido resulta más divertido”.

“Y con respecto a los empleados, como en cualquier otro objetivo de cualquier otro departamento, hay que formarles adecuadamente. Explicarles todo lo que hayan aprendido sobre el ritmo de juego, establecer con ellos expectativas y objetivos razonables y progresivos y darles las herramientas que necesitan para implementar vuestra nueva política”.

 

¿Conoces el ritmo de juego ideal de tu campo?

“Uno de los parámetros que pueden definir ahora los medidores de la Federación de Golf cuando establecen el valor Slope para un campo es, precisamente, el tiempo que se debe tardar en jugarlo”, explicó a ClubManagerSpain José Antonio Martínez de las Heras, árbitro Internacional y miembro del Comité de Campos de la Real Federación Española de Golf.

“En la mayoría de los campos que se midieron al comienzo de la aplicación del sistema Slope no se tenía en cuenta este dato, pero los que se están midiendo en los últimos años incorporan a la documentación una hoja en la que se definen los tiempos de paso y de juego de cada hoyo”.

El gerente interesado en conocer el ritmo objetivo de juego de su campo puede ponerse en contacto con su federación territorial y solicitar el dato, o al menos la ayuda para definirlo.

 


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