Miércoles 15 de Agosto de 2018
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La polémica tradicional sobre la altura de corte de los greenes

La presión de los comités y de muchos jugadores en los clubes sitúan a los directores y greenkeepers ante la necesidad de explicar las razones por las que un green rápido puede resultar muy atractivo, pero no necesariamente bueno; y mucho menos con carácter permanencia. Jorge Palma, greenkeeper de Segales Golf en el campo de Oliva Nova, nos ofrece su punto de vista.


Existe en el mundo del golf la creencia generalizada, a veces transformada en exigencia, de que el green debe ser rápido para ser considerado de calidad, tanto o más que los que se pueden ver en televisión en los campeonatos profesionales: pero esata generalización no tiene en cuenta el nivel medio de los jugadores que acuden al campo, ni la necesidad real de llevar el nivel de mantenimiento a tal extremo. Por supuesto, ante competiciones importantes no hay razón para tener el green excesivamente lento.

                Prácticamente cualquier tarea que tenga como finalidad llevar nuestra instalación a unos estándares de calidad mayores supondrá un aumento en los costes o, en otros casos, en la cantidad de tiempo para realizarlo, reduciendo éste de otras tareas que pueden ser igualmente importantes para dar un buen servicio al cliente cuando disponemos de un número de personal fijo. Estas tareas incluyen, entre otras,  la limpieza general, el recebo de chuletas, la reparación de piques, la poda, el aporte de agua a lavabolas, el desbroce, el mantenimiento de bunkers, riego, lagos y un largo etcétera.

                Recortar en exceso la altura del césped para dar velocidad a los greenes obliga al greenkeeper a someterlo a un estrés que, como ser vivo que es, pueden derivar en una mayor fragilidad frente a agentes tales como el frío, calor, plagas o enfermedades.

                Todas las especies que utilizamos como césped tienen su intervalo de altura de corte ideal, que es el que favorece un crecimiento de la planta más saludable y  uniforme. Este desarrollo favorece a su vez la resistencia a enfermedades y plagas. PO otro lado no es siempre cuestión de la altura den el césped. Un green seco ofrece mayor velocidad que uno húmedo, estando aquí la habilidad del greenkeeper para conseguir un césped de calidad con bajo consumo de agua general.
Si a las condiciones climatológicas extremas que puede sufrir el césped en determinadas partes del país le unimos unas condiciones de mantenimiento de estrés continuo, con la idea de aumentar la velocidad en green (bajar la altura de corte, pasar el rulo, realizar corte vertical, recebos de arena fino, …), el resultado puede ser bastante negativo. Puede desembocar en una mayor compactación del terreno por los pases de rulo, por ejemplo, reduciendo la capacidad de infiltración del agua o los nutrientes, y minimizando también la cantidad de aire en el entorno de las raíces; lo que a su vez podría hacer necesario un mayor número de “pinchados” (aireaciones) a lo largo del año.
Salirnos de los límites que admite la planta puede obligar también a aumentar la cantidad de aplicaciones de productos fitosanitarios y/o fertilizantes para mejorar la salud del césped sometido a presión. Esto supone un tiempo mayor de trabajo sobre el green y con ello mayores costes por el gasto en carburante, productos, piezas, averías, etc… sin contar la posible molestia por ruido a jugadores o vecinos cercanos por el incremento de horas de nuevas tareas con maquinaria en el campo. Cualquier aumento en horas de maquinaria también hace menos sostenible nuestro campo y con ello nuestro entorno, algo que debe también tenerse en cuenta cada vez más y que con casi total seguridad llevará en el futuro al uso de una mayoría de máquinas eléctricas para el mantenimiento general.
                En una escala de importancia, y siempre que hablemos de un club de golf con pocas o ninguna competición de alto nivel a lo largo del año, se debería buscar la uniformidad del green como valor esencial a tener en cuenta (buena densidad del césped, calidad de la hierba, reducido número de piques y bien reparados, etc…). En segundo lugar podría situarse la velocidad, de forma que haga el juego agradable y no desesperante (tanto por exceso como por defecto), en mi opinión situando la altura general de corte, según la época del año, cercana a 3,5 mm.
Más allá podemos considerar la importancia del color, como elemento estético menos prioritario, ya que el fin de cualquier campo, sea cual sea su aspecto general, debe ser la jugabilidad.

Jorge Palma
Greenkeeper

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